Proyectar espacios para habitantes con alzhéimer, una visión desde la arquitectura

Santiago Quesada-García y Pablo Valero-Flores | NOVIEMBRE 2016
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Cuando el alzhéimer entra en un hogar, una serie de cambios se desencadenan en la vida diaria de sus habitantes, su forma de habitar cambia inevitablemente. Ante algunos comportamientos de usuarios con problemas de memoria cabe preguntarse si están condicionados por su estado o por su entorno; si es esto último: ¿Cómo proyectar para la ausencia de memoria?

La forma de abordar este problema desde la arquitectura requiere una nueva perspectiva. Supone ver a la persona no como un enfermo con un conjunto de síntomas sino como un habitante que vive en un entorno físico que puede ser proyectado o modificado para adecuarlo a sus peculiares y cambiantes necesidades. El propósito del artículo es exponer cómo la arquitectura, como arte y como técnica, aborda este problema, aportando una metodología de investigación que busca conocer las demandas concretas de estos habitantes en su experiencia diaria del espacio doméstico, desde la seguridad, la accesibilidad y la personalización como estimulación sensorial y estabilizadora emocional; generando además un conocimiento que permita desarrollar mecanismos y elementos de composición necesarios para proyectar, construir y humanizar un entorno que complete carencias del enfermo, se adapte a la evolución de la dolencia y mejore su calidad de vida.

 

Introducción

La memoria elige lo que olvida, mantiene Borges. Se podría añadir que la memoria almacena sólo las experiencias que la emocionan. Somos memoria. Si se diluye el poderoso ligante de la memoria, la arquitectura de los recuerdos se derrumba. Cuando el alzhéimer entra en un hogar, una avalancha de sentimientos encontrados, de preguntas sin respuesta, afloran en el enfermo y sus familiares, que asumen una responsabilidad que implicará un extraordinario esfuerzo físico, psíquico, emocional, económico… Es difícil asumir el diagnóstico y el giro que supone en la vida cotidiana.

La diagnosis de una enfermedad de demencia, y en particular de alzhéimer, conlleva una serie de cambios en el habitar de las personas implicadas, de la que no se es consciente en un primer estadio. En primer lugar porque hay otras prioridades y después por la dificultad que conlleva modificar el entorno en el que habitualmente se vive. La falta de accesibilidad o intimidad, la seguridad o ausencia de control ante determinadas conductas, el desconocimiento de la evolución de la enfermedad, entre otros factores, generan altos niveles de ansiedad y dificultan la serenidad necesaria para afrontar nuevas condiciones de vida. El nivel de estrés influye tanto en el estado anímico de familiares como en el progreso de la enfermedad del habitante con problemas de memoria. La forma de habitar cambiará inevitablemente.
Ante algunos comportamientos de los usuarios con demencia, cabe preguntarse si son realmente debidos a su estado o también están condicionados por su entorno. ¿Cómo diseñar un espacio para una persona que se levanta todos los días en un lugar diferente?, ¿cuáles son las necesidades de un habitante con alzhéimer?, en definitiva, ¿cómo proyectar para la ausencia de memoria?

El compromiso de la arquitectura es mejorar, a partir de un programa dado y con los recursos que el medio pone a su alcance, las condiciones de vida de las personas, pero, sobre todo, su misión es construir espacios capaces de producir emociones. Es su atributo principal como arte. El reto al que se enfrenta la arquitectura, cuando debe satisfacer las necesidades de habitantes con demencia y sus familiares, supone afrontar el diseño y composición de esos espacios aportándoles una componente simbólica y emocional, de manera que sean capaces de producir sentimientos que evoquen, recuerden o hagan sentir.

La forma de abordar este problema desde la arquitectura requiere una nueva perspectiva, una nueva visión. Supone ver a la persona, no como un enfermo con un conjunto de síntomas sino como un habitante que vive en un entorno físico que puede ser proyectado o modificado para adecuarlo a sus peculiares y cambiantes necesidades. Ante un proceso nuevo, desconocido y lleno de incertidumbres es imprescindible abordar el estado emocional y psicológico del habitante con alzhéimer pero también el espacio físico que lo rodea, adecuándolo para que pueda mejorar su experiencia del mismo y su calidad de vida.

El propósito de este artículo es exponer cómo la disciplina arquitectónica, como arte y como técnica, aborda este problema, exponiendo una metodología que pretende conocer cuáles son las demandas específicas que afectan a habitantes con problemas de memoria en su experiencia del espacio doméstico para, a partir de aquí, desarrollar los mecanismos y elementos de composición que permitan personalizar y humanizar ese entorno físico, adecuarlo a sus requerimientos y adaptarlo a la evolución de la enfermedad.

Esta investigación se enmarca en la línea denominada “Proyectar para la ausencia de memoria”, que está desarrollando el grupo de investigación Healthy Architecture & City de la E.T.S. Arquitectura de la Universidad de Sevilla en colaboración con la línea de investigación de Neurociencia Básica y Aplicada, dentro del programa de doctorado de Biomedicina, Investigación Traslacional, Nuevas Tecnologías en Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga.

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